
Hay dos cosas que recuerdo de mi infancia (bueno, hay más, pero estas especialmente). Una era el futbolín, yo quería el de Emilio Butragueño que anunciaban en la tele y que lo tenía un amigo mío, y el otro eran las máquinas de bolas de chicle que costaban un duro y, dependiendo del tipo, tenías o varias pequeñas (ideal para compartir cuando entre varios se juntaban las pesetas necesarias) o una grande para ti solo, si el duro era todo tuyo.
Pues ya podemos darnos a la nostalgia con nuestros hijos (porque si conociste aquellos tiempos es que ya tienes edad para tenerlos o estar en ello) con este pedazo de futbolín para niños donde la bola no es de madera ni de metal, es directamente una bola de chicle como las de antes, sacado de una enorme caja de bolas, como las de antes. Lo malo es el precio, que por $1.500 casi que mejor me quedo con mis recuerdos y me compro un futbolín de los de toda la vida…
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