
El triciclo es probablemente el primer medio de transporte autónomo que los niños disfrutan, conviertiendo el incómodo pasillo de los adultos en una carretera americana de esas que se pierden en el horizonte.
En medio de la fantasía llega tu hermano pequeño y se pone a gritar que le dejes el triciclo. Tu te niegas rotundamente, el otro empieza a llorar y sientes a tu madre chillar: “Déjale el triciclo, ¿ Qué no ves que es pequeño?”, pero cómo no voy a verlo si lo tengo todo el día pegado a mí, que parezco el tío que lleva a Kuato en Desafío total. Más que un hermano parece una berruga.
Para evitar problemas la solución sería comprar otro triciclo, pero hábilmente los padres ponen escusas: “total, si en cuatro días se le queda pequeño y hay que comprarle una bici al grande, y así el pequeño se queda con el triciclo”. ¡Mentira!, lo que pasa es que saben que se volverían locos en el parque si tuviesen que perseguir a dos niños en dos triciclos; el rato de leer el periódico en el parque desaparecería y, de vuelta a casa, deberían acarrear con dos cacharros.
Ahora podemos comprar el triciclo biplaza en el que podrán ir dos niños a la vez, por lo que cambiaremos las peleas por quién se sube en el triciclo, por las peleas por quién conduce el triciclo. Los hermanos que se pelean juntos permanecen juntos, que se lo digan a Caín y Abel, ¡vaya! he escogido un mal ejemplo.
Finalmente, el triciclo lleva una caja posterior para poderla llenarla de tierra, piedras, hojas y otras porquerías. El entretenimiento infantil y el cabreo adulto están garantizados y seguro que se puede llevar a un pasajero en la caja, ¡hala a comprar otro casco!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario